10 dic. 2010

EL ANACORETA




DIRECTOR
Juan Estelrich

ACTORES
Fernando Fernán-Gómez, Martín Audo, Charo Soriano, José Mª Monpin

GUIÓN
Rafael Azcona, Juan Estelrich

MÚSICA
J.S. Bach, Álvaro Quintanilla

FECHA ESTRENO
1976

DURACIÓN
113 minutos



SINOPSIS
Una mañana, Fernando Tobajas, abogado, casado, padre de una hija y en pleno uso de sus facultades mentales, decide renunciar a las pompas y vanidades mundanas encerrándose en el cuarto de baño de su domicilio. Allí disfruta de lo que buscaba: una vida prácticamente paradisíaca, sin ninguna responsabilidad y con una libertad absoluta dentro de los muros de su insólita Tobaida. De vez en cuando da noticias de sí al Universo a través de mensajes dentro de tubos de aspirinas a través del inodoro. Después de unos cuantos años, un mensaje llegará a las manos de Arabel Lee, una caprichosa y viciada muchachita habituada a manejar a los hombres a su antojo. Como el mensaje tiene remite, un buen día Arabel Lee, en toda la magnificencia de su belleza, se presenta en el cuarto de baño de Fernando dispuesta a jugar a la Reina de Saba para hacerle caer en la tentación y obligarle a dejar su retiro.


REVIEW (by kafka y Fej Delvahe)
Esta película es en verdad una obra de teatro filmada, toda ella se representa en un cuarto de baño, donde un hombre se ha recluido de por vida. Y es una obra de teatro con mucha enjundia filosófica, se nota el ingenio del guionista Rafael Azcona en toda ella. De principio a fin hay que estar atentos al constante discernimiento sobre la tentación o las fuerzas poderosas (ya vitales ya de intereses de todo tipo) que tientan al ser humano que se ha marcado un objetivo de ir contracorriente.

Cuenta G. Flaubert en su novela "La Tentación de San Antonio" que siendo éste un anacoreta en el desierto de Egipto, se le apareció en visión cautivadora la bella Reina de Saba, quien le dijo al santo: "Si posas un dedo sobre mi espalda, sentirás un reguero de fuego en tus venas. La posesión de la más pequeña parte de mi cuerpo te hará más feliz que la conquista de un Imperio. Mis besos tienen el gusto de un fruto que se funde en el corazón. Embriagado por el aroma de mis senos, arrobado en la contemplación de mis miembros, abrasado en mis pupilas, te sentirás arrastrado por un torbellino". San Antonio logró con una simple señal de la cruz, quizá por ser una visión, no una mujer de carne viva y sabrosa, que la tentadora Reina se fuera huyendo. Pero el anacoreta de este film, o cualquier otro hombre, ¿resistiría a la imantadora Reina de Saba si se presentara en el lugarcito donde uno se ha apartado del mundo, y nos camelara con sus encantos poderosos y la intención de hacernos salir de nuestra opción de ser distinto para conducirnos a ser como la mayoría: o sea uno más de los que nos volvemos locos ante la visión de dos tetas firmes y nos vamos de cabeza al matadero del "matrimonio" y luego a esclavizarnos como borregos para sostener el tinglado económico-sexual donde hemos caído? Aquí está el meollo de esta obra de J.Estelrich y R.Azcona.

La película está magistral y filosóficamente compendiada entre dos máximas: la 1ª de Anatole France: "En aquellos tiempos [siglos III-IV d.C.], todos los desiertos estaban llenos de anacoretas", y la 2ª del propio personaje, el anacoreta laico de este film, Fernando Tobajas: "Vendrán tiempos en que todos los retretes estarán llenos de anacoretas". Como puede apreciarse son máximas con un mismo quid de la cuestión que ha cambiado de sentido y hay que captar su profundidad reflexiva.

Mención especial para la actriz que hace de Arabel, la bella tentadora e irrepetible Martine Ando, quien muestra su preciocísimo cuerpo desnudo. ¿Logrará esta "carne espléndida" sacar al bueno de Fernando F. Gómez de su pachorra espiritual? Esto sólo se sabe viendo entera esta lúcida y agudísima obra de teatro-película, que ha sido muy desconsiderada por los críticos; si la hubiese firmado Mornau, Tarkovsky o Almodóvar, sin cambiar un ápice del guión y con el mismo escenario y simplicidad, llevarían algunos especialistas cinematográficos, unos treinta años, lanzándole alabanzas hasta la saciedad de todas las saciedades.

El único largometraje dirigido por Juan Estelrich y una de las más curiosas, apasionantes y fascinantes películas en la historia del cine español. Es la historia de un hombre (genial, divertido, único Fernán Gómez) que vive como un anacoreta, encerrado durante 11 años en el cuarto de baño, el cual ha amoldado como si de un apartamento se tratase. Solo se comunica a través de mensajes lanzados a través del retrete, hasta que uno de ellos llega a la bella Anabel Lee (Martine Ando), la cual decide conocerle y convertirse en su reina de Saba.

"El anacoreta", situación tras situación, deviene en un feroz surrealismo que concluye en una reflexión sobre los dos sexos, surrealista también. Estelrich y Azcona hacen un guión espléndido dónde se alcanzan cotas de magnífico y magistral realismo tragicómico y cotas de kafkiana brillantez y divertido sarcasmo.

La película pregunta en voz alta: ¿quién es más libre y lúcido: el anacoreta o los demás, que acaban allí, encerrados con él, dependientes de él, falseados en su hueca independencia?; ¿quién es, pues, transitoriamente más feliz: el anacoreta o los demás?. Y hay que ver que los demás que conviven con él son su propia mujer, la chacha y el amante consentido de su mujer.

"El anacoreta" es, aunque no lo parezca, una historia de amor imposible, hermosa, surrealista, hermética, a la par que amplia. Regada de golpes de humor geniales (la segunda visita de Anabel con el amante en la bañera, la visita del coro flamenco, esos chándals de Fernán Gómez...) es una obra maestra de nuestro cine, una anacoreta en su estilo desmañado, poco académico, pero realmente medida y calculada al milímetro para acabar siendo un (anti)clásico de nuestro cine, un film de culto.






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