25 may. 2010

LA LLAMADA (1965)

No hace mucho pude visionar esta increible pelicula española, considerada de culto y una de las mejores del Fantaterror español. Asi que aviso: CORTO y PEGO la perfecta reseña e info ya realizada por SARGENTO HOWIE. (para mas informacion visitar AQUI)




Director: Javier Setó
Guión: Javier Setó y Paulino Rodrigo Díaz
Intérpretes: Emilio Gutiérrez Caba, Dyanik Zurakowska, Carlos Lemos, Paco Morán, Tota Alba, Víctor Israel, Sun De Sanders, Jorge Alsina, Ana Godoy, Daniel Blum, José Shelly, Mª Ángeles Álvarez Gordón, José Francisco Álvarez Gordón


SINOPSIS
Pablo es un universitario locamente enamorado de Dominique, una compañera de facultad. La chica, que es de origen francés, tiene que volver a su país para pasar las vacaciones de Navidad junto a su familia, así que la pareja se despide prometiendo reencontrarse apenas una semana después. Pero el avión en el que vuela Dominique sufre un accidente, muriendo la mayor parte de los ocupantes. Pablo cree volverse loco mientras intenta averiguar si su novia se encuentra entre los escasísimos supervivientes hasta que, finalmente, recibe una llamada telefónica en la que Dominique lo tranquiliza y le explica que se ha salvado, que se encuentra bien y que volverá a reunirse con él en pocos días. Efectivamente, ella regresa a Madrid y los dos jóvenes se reencuentran otra vez en el parque en el que habitualmente se citaban… Pablo más enamorado que nunca y dispuesto a olvidar el mal rato pasado... Cuando, paseando por un pequeño cementerio de un pueblo cercano a la capital, Dominique le dice, casi sin darle importancia a la cosa, que en realidad ella ha muerto en el accidente pero que ha vuelto junto a él porque lo ama, el joven estudiante no puede sino tomárselo a broma…


REVIEW (por SARGENTO HOWIE)
Pues nada, mes amis... Ha costado, pero por fin puedo postear la que (para mi subjetivo y discutible criterio) es una de las mejores películas del Fantaterror patrio de la vieja escuela. Vamos... con diferencia. A años luz de la inmensa mayoría de productos del género producidos aquí (y sin que eso sirva para descalificarlos, que conste. Mejores o peores, casi todos tienen su encanto, su sentido y su punto disfrutable). Como no podía ser menos, semejante maravilla es una de las pelis más desconocidas, más difíciles de encontrar y sobre las que menos información existe. Para variar... ¿Alguien lo dudaba? Coñe... Esto es España...

Si no me creéis, echad un vistazo por el internete y contadme (contadnos) lo que encontréis. Reseñas escuetas, sinopsis más escuetas todavía y, sólo en unos pocos casos (aquéllos, escasísimos, en los que el firmante ha conseguido ver la cinta), elogios también breves (como si cualquier información o dato sobre la peli tuviera que ser sucinto, nebuloso, casi telegráfico... Como si todo ayudase a mantener una especie de misterio extraño e inaprensible en torno a ella). Incluso en Filmaffinity y en Imdb son más lacónicos de lo habitual y, para colmo se “retroalimentan” y caen en los mismos errores. Desde atribuirle el carácter de coproducción entre España y USA cuando se trata, en realidad, de una película exclusivamente española (supongo que el fallo tiene su origen en el hecho de que en Imdb incluyen como guionista al empleado de la distribuidora americana encargado de traducir los diálogos al inglés para poder hacer el doblaje. Mandagüevos, que dijo el poeta...) hasta transcribir buena parte de los nombres del reparto de forma incorrecta, esto es, en su forma “anglosajonizada”: Joseph y Angie Gordon (con acento en la primera “o”) por los de los hermanos José Francisco y Ángela Álvarez Gordón; George Alsin por Jorge Alsina. Cosas así
Y no ponen Frank Moran y Emile Cape por Paco Morán y Emilio Gutiérrez Caba de puro milagro, que conste...

Ya sabéis (se ha explicado otras veces) que en los 60’s muchas distribuidoras yanquis compraban producciones europeas (italianas y españolas, sobre todo) para comercializarlas en USA. Y que, además de doblarlas al inglés, las maquillaban borrando cualquier referencia a su nacionalidad, cambiándoles el título y, sobre todo, modificando los nombres de los actores y actrices y dándoles un aire anglosajón para que el público local pensara que se trataba de pelis americanas. Es una cosa curiosa ésa... Sobre todo porque aquí (y aún más en Italia) también se hacía algo parecido. Vamos, que en origen ya se manipulaban las cosas y se anglosajonizaban nombres y referencias para jugar al mismo juego...

En la Europa meridional se buscaba así dar credibilidad y un cierto glamour impostado (de andar por casa y en zapatillas, of course) a las pelis y a los géneros (terror, ciencia-ficción, western) haciéndolas pasar por lo que no eran. En USA supongo que se pretendía exactamente lo mismo. Aunque las implicaciones resultan un pelín más inquietantes en el caso americano que en el ítalo-español, la verdad...

Bueh… Pero dejemos de dispersarnos y vayamos con la película, que es lo importante. ¿Os acordáis de ese raca-raca constante y pelmazo que yo llamo teoría y que consiste en afirmar que, a despecho de lo que suele decirse, el Fantaterror español alcanzó suficiente entidad en los años 60’s como para abandonar de una vez por todas ese lugar común que dice que todo empieza en 1968 (con La Marca Del Hombre Lobo) o 1970 (con La Noche De Walpurgis)? Sí, hombre… Esa letanía cansina que no paro de repetir cada vez que cuelgo una peli española…
Pues bien. Esta es otra piedra más para sustentar mi argumento.

Aquí la tenéis, mes amis, una cinta de 1965, en riguroso y elegante blanco y negro, dirigida por Javier Setó (un catalán todo-terreno, un artesano eficaz y competente que lo mismo valía para un roto que para un descosido y que, desgraciadamente, murió bastante joven. Antes de cumplir los 50 años), protagonizada por Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Lemos, Tota Alba y Paco Morán (sólidos actores de la escena teatral, por cierto. Espléndidos secundarios de la vieja escuela) además de por una bellísima Dyanik Zurakowska y adscribible, sin ningún tipo de matiz, al género fantaterrorífico. Vamos… Con todas las de la ley.

Aquí no valen excepciones, ni jessfranquismos, ni bizarradas, ni esas excusas que, a base de machacadas, ya casi no sirven para nada. No señor. La Llamada es una película perfectamente explicable y lógica. Un producto de su tiempo y de su lugar (la España de los años 60’s), condicionado para bien y para mal por eso mismo. Recuerdo que en la reseña que el especial de Quatermass sobre el Fantaterror le dedicaba a la cinta (en un ya lejano año 2002) Pedro Porcel insistía, una vez más, en calificarla como rara avis, como hecho aislado y sorprendente, desvinculándola del cine español de su época incluso desde el punto de vista estético.

Además, La Llamada es, como he dicho, una película totalmente española y sesentera; estética, formal, espiritualmente incluso. Hasta la médula. Inexplicable sin tener en cuenta su nacionalidad y el momento en que fue producida.

La película comienza como un drama convencional. Una pareja joven que pasea su amor por un Madrid invernal hecho de parques vacíos, nieblas, hojas secas y lluvia. Él es un estudiante llamado Pablo Velasco y ella una francesita rubia y guapa llamada Dominique Monceau. Todo perfectamente reconocible y normal. Pantalones estrechos y chaquetones oscuros, guantes de cuero, flequillos más o menos yeyés, larga melena rubia y unas notas de jazz con toques pop para ir ambientando. Inopinadamente, un pequeño cementerio de pueblo, casi ruinoso… Y algún extraño comentario. Nada más. Dominique coge un avión para visitar a su familia (y viajar a una Bretaña que Pablo imagina como una especie de Galicia pero en francés… con sus brujas y fantasmas) y a partir de ahí todo cambia. El avión sufre un accidente y, aunque la chica se pone en contacto con su novio para tranquilizarlo y anunciarle que va a reunirse con él, sabemos que nada va a volver a ser igual. Que la película de jóvenes enamorados paseando por ese Madrid lluvioso y frío, por esos parques llenos de hojas secas y estanques helados no es lo que parece… Que lo extraño, lo fantástico, lo espectral, lo terrorífico (todavía no, pero ya está cerca) va a ir apoderándose de la historia… De hecho, la escena en la que Pablo se entera del accidente ya nos deja claro que esto no es una historia de amor normal y corriente.

Setó la resuelve de una forma muy curiosa (y absolutamente sixties, por cierto): Prescindiendo totalmente del sonido. Efectivamente, Pablo conduce por el centro de Madrid a última hora de la tarde o primera de la noche; luces nocturnas, escaparates, gente que entra y sale de los comercios o de los cines y lluvia en el parabrisas del seiscientos, mientras en el transistor suena ese jazz semi pop que constituye el leit motiv musical de la peli. De repente, todo queda en silencio. Todo. La primera vez que vi la escena pensé que era un problema del audio… Pero no, estaba bien… Era como debía ser… Es la primera intrusión de lo extraño, de lo sobrenatural en el argumento.

La primera vez.Y a partir de ahí, la cinta se convierte en una peli de fantasmas en sentido estricto. Sobre todo durante su segunda parte, cuando Pablo y el profesor Urrutia viajan hasta Bretaña para aclarar de una vez por todas si Dominique está muerta o es todo un malentendido.

Las escenas en las que el joven estudiante español conoce a la familia de su novia son antológicas… Una muestra de eficacia narrativa y estética, de elegancia y, sobre todo, de buen hacer. Curiosamente, consiguen dar bastante miedo. Mucho. Y todo eso sin emplear ningún efectismo, ninguna truculencia, sólo una excelente dirección de actores y un manejo de las luces y los encuadres que resulta simplemente genial. A ese respecto hay que insistir en que toda la película es de una elegancia y una belleza formal exquisitas. Y que el miedo, la angustia, la tensión, la inquietud que puntualmente maneja (y consigue) no requiere, en ningún momento la aparición de una sola gota de sangre o el recurso a ningún tipo de susto o escena desagradable. No hay monstruos ni fantasmas ensangrentados. No hay horrores explícitos ni imágenes impactantes.

Todo es suave, melancólico, elegante… Todo es triste y hermoso. Como esos parques vacíos en los que Pablo y Dominique se besan o pasean cogidos de la mano. Como ese Madrid invernal y decembrino, lleno de lluvias, fríos y nieblas, abrigos oscuros y corbatas estrechas, hojas secas, aceras mojadas y carreteras al atardecer.

Es curioso que el equipo se desplazara hasta la verdadera Bretaña para rodar parte de la película. Y digo que es curioso porque el Madrid que aparece en la peli no se diferencia mucho de la brumosa región francesa. Igual de frío, igual de neblinoso y húmedo… Para el caso podrían haberse ahorrado el viaje (o, simplemente, haber rodado algunos exteriores en Galicia. Porque Pablo tenía razón… Y, desde el punto de vista paisajístico, arquitectónico y hasta humano es muy difícil distinguir el noroeste español del francés. Doy fe).

En cualquier caso, toda la cinta está envuelta en esa especie de bruma fría e invernal, en esa luz tan característica del atardecer de diciembre, sobre todo si hay niebla o está lloviznando… Como una de esas fotografías de Gonzalo Juanes (de la misma época, de los mismos años). Como esa otra cara de los años 60’s, esa cara que no era alegre y luminosa sino melancólica, tristona, poética también; y que se recreaba en una especie de nostalgia de cosas y tiempos indefinidos, en una añoranza de no se sabe muy bien qué…
Bueh… Creo que queda claro que la película me ha parecido maravillosa. Perfecta. Y que podría hablar sobre ella durante mucho rato (para variar… ejem).

Pero quiero apuntar algunas cosas más. ¿Alguno de vosotros recuerda (seguro que sí) esa peli española titulada Nueve Cartas A Berta? Uno de esos clásicos eternos del cine patrio, rodada por Basilio Martín Patino en este mismo año de nuestro Señor de 1965. Y, además, protagonizada también por Emilio Gutiérrez Caba. Bueno… Pues es curioso hasta qué punto las dos películas tienen un evidente paralelismo que va más allá de la coincidencia. En la del director salmantino Gutiérrez Caba casi hace el mismo papel que en la del director catalán. Un joven estudiante melancólico y tristón que pasea sus nostalgias por una ciudad igual de melancólica y tristona que él mientras se cartea con Berta, una chica extranjera (en este caso hija de exiliados) de la que está enamorado… La Salamanca de Nueve Cartas es también fría y brumosa, húmeda e invernal. Como el Madrid de La Llamada. La misma melancolía, la misma tristeza elegante y poética, el mismo amor un poco “fou”, sí, pero contenido y de andar por casa, la misma corbata estrecha, las mismas chaquetas de tres botones, el mismo flequillo beatle, la misma atmósfera…

Vamos… que, de alguna manera (es una impresión mía. Una chifladura sin sentido) La Llamada es una especie de versión espectral y fantasmagórica de Nueve Cartas A Berta.
Y no lo digo sólo por lo anteriormente expuesto. Las dos películas tienen más puntos en común. Por ejemplo, Nueve Cartas A Berta es una de las películas más claramente literarias que existen. Es como una novela introspectiva escrita en primera persona llevada a imágenes. Casi ensayística. La Llamada también tiene lo suyo en ese aspecto. Setó hizo su película de miedo pasando olímpicamente de las referencias cinematográficas que tenía a su disposición. No hay débitos con el Brit-Terror de la época, ni con el Gótico Italiano, ni con la Universal, ni con la RKO. Con nada. Setó no tiene presente ninguna otra película de miedo. Cuenta su historia de otra manera, maneja otros recursos. Estrictamente literarios.

En la aludida reseña que Pedro Porcel hizo de la peli en el especial de Quatermass de 2002 comenta eso mismo. La cinta, según él, debe muchísimo a las Ghost-Stories victorianas escritas (además) por mujeres como Margaret Oliphant o Edith Wharton. Yo no estoy de acuerdo. Sí, desde luego, con la vocación/condición literaria de la peli; pero no veo tan claro la relación con los cuentos anglosajones de fantasmas de finales del siglo XIX. Porque, desde mi subjetivo, discutible y seguramente equivocado punto de vista, la peli tiene bastante más relación (mucha, muchísima) con la tradición patria del género. Con el tratamiento que la literatura española ha dado al terror… Y ahí entramos en otros terrenos igualmente procelosos, discutibles y batalladores. Porque ya saben vuesas mercedes eso tan manido (esa frase hecha tan odiosa como recurrente e inevitable) de que “lo español, en literatura, es el realismo” (aaarghhh...). Afirmación tan falsa, sandia e indemostrable como tópica. Y mentirosa, coñe.Pero ésa es otra historia que ahora no viene al cuento y que algún día habrá que aclarar…






2 comentarios:

  1. Tiene una pinta estupenda esta película, al menos e las que me gustan a mí.

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  2. Me ha gustado mucho. Una de esas películas soprendetes y aparentemente inaccesibles del cine español: Malditismo de nuevo.

    Muy bien rodada con todos los actores en su sitio, destacando el trabajo de Emilio Gutierrez Caba, un grande de verdad.

    Recomiendo el montaje que circulo en internet de la versión americana más las secuencias faltantes extraídas de la versión española, que son esenciales.

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