21 oct. 2010

FATA MORGANA




España,1965

Director: Vicente Aranda

Guión: Gonzalo Suárez y Vicente Aranda

Intérpretes: Teresa Gimpera, Antonio Ferrandis, Marcos Martí, Mariana Benet, Alberto Dalbés, Antonio Casas, Gloria Roig, Juan Sellás, Francisco Álvarez, José Castillo, Nuria Picas, Antonio Oliver.


SINOPSIS
No sabemos cuándo ni dónde transcurre la acción, salvo que es en algún año posterior a 1965 y que se trata de una ciudad europea (Barcelona, of course) sobre la que se cierne una amenaza terrible… La misma que poco antes ha asolado Londres matando a todos sus habitantes… La mayor parte de la población ha evacuado la ciudad, pero todavía queda gente que desoye los llamamientos de las autoridades y recorre las calles semivacías sin que sepamos muy bien por qué. Una de las que sigue ahí, como si no pasara nada, es Gim, una modelo publicitaria joven y guapa. El agente especial J.J. es enviado urgentemente a la ciudad para evitar que sea asesinada por un extraño asesino. Las conclusiones de sus superiores no dejan lugar a dudas: está científicamente comprobado que de la misma formal que hay gente que nace para asesinar, hay quien nace para ser asesinada…
Y Gim es una víctima nata…


REVIEW (by Sargento Howie)
Fata Morgana es una película rara de verdad. Y en todos los sentidos...
Realizada en 1965 por Vicente Aranda, con la colaboración de Gonzalo Suárez (que firma el guión), se adscribe, con todas las consecuencias, a esa corriente que dio en llamarse Escuela de Barcelona y que alumbró una serie de películas vanguardistas, experimentales avant la lettre, durante la segunda mitad de los años sesenta. Eran tiempos diferentes a los de ahora; se exploraban nuevos lenguajes cinematográficos, nuevas estéticas, nuevos territorios... En Estados Unidos estaba el New Hollywood, en Gran Bretaña el Free Cinema , en Francia la Nouvelle Vague... Y en España teníamos la Escuela de Barcelona, que se puso a la cabeza de esa búsqueda con unos resultados (al menos para mí) más que notables. Aunque (también desde mi punto de vista) la cosa no tuvo mayor continuidad y como ocurrió con casi todas las corrientes antes citadas, el cambio de década trajo consigo una suerte de reacción, de “vuelta a la realidad”, que tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas (desde mi punto de vista, más buenas que malas... pero todo puede ser...)-

Fata Morgana pertenece con todas las de la ley a esa tendencia. Surrealista, de un hermetismo desazonador, a ratos absurda y a ratos paródica, estéticamente impecable, deliciosamente pop y, desde luego, siempre inquietante, es un ejemplo quintaesencial de todo lo que la Escuela de Barcelonarepresentaba. Pero, al mismo tiempo, es también una película de miedo con todas sus consecuencias. Perfectamente adscribible a eso que hemos dado en llamar Fantaterror español. De hecho, no soy el primero que lo piensa... En el especial que la revista Quatermass dedicó al subgénero en 2002 ya la reseñaban como tal.

Y a fe mía que cumple todos los requisitos. Un argumento fantástico-terrorífico, un asesino de enciclopedia, un ambiente absolutamente inquietante y desasosegador y una Scream-Queen(dentro de un orden) tan mordisqueable y deliciosa como la señorita Teresa Gimpera en todo su esplendor sixties (cuando era una especie de musa de la modernidad barcelonesa y española en general... una chicaque parecía recién llegada de la Inglaterra del Swingin’ London y que al pasear por Barcelona era capaz de convertir, con el simple taconeo de sus botas altas, la calle Tusset en Tusset Streety la discoteca Bocaccio en el centro del mundo civilizado y op-art).

En serio. Si esta película se hubiese realizado veinticinco años después, los críticos de turno habrían hablado de Deconstrucción del Género y ese tipo de zarandajas (como hacen ahora al hablar de alguna de las gamberradas del tito Jess... ). Pero en 1965 el verbo “deconstruir” todavía no estaba de moda (quizás ni siquiera existía), así que a nadie se le ocurrió decir una cosa así. Pero, de alguna manera, de eso se trata.

Aranda y Suárez, con muchas ganas de enredar, un bagaje cultural y estético más que solvente y dispuestos a jugar con elementos perfectamente reconocibles y clásicos del cómic, el cine y la novela de kiosco, crean una película que mezcla todo eso (el agente especial J.J; la amenaza invisible propia de la sci-fi más clásica; la chicaque es modelo publicitaria y, por eso mismo, parece recién sacada de un anuncio de la época; los chicos yeyés; el asesino psicópata que apuñala a sus víctimas, viste gabardina oscura y oscurece su rostro con el ala del sombrero; la ciudad vacía) añadiéndole al resultado una deliciosa pizca de estética pop y la inevitable pátina de pretenciosidad y trascendencia (porque se podía ser muy moderno, sí... pero también serio e intelectual, oiga usted).

En muchos sitios (bueh... en los que hablan de la peli, que tampoco son tantos) suele insistirse en que Fata Morgana es una especie de recreación “alla barcelonesca” del incipiente Gialloitaliano. Pero yo no lo tengo tan claro... Es cierto que hay un montón de elementos en común y que cualquier vistazo a los fotogramas (ahí tiene voacés las capturas que he colgado) lleva inevitablemente a pensar en eso... Pero, a riesgo de equivocarme, creo que esa interpretación se queda corta. Es reduccionista. En primer lugar porque no estoy seguro de que el propio Giallo existiese como tal, con conciencia de subgénero digo, en fecha tan temprana como 1965. Cinco, seis años después sí... ¿Pero de verdad en 1965 el Gialloera autoconsciente, tenía noción de sí mismo? ¿Lo creéis posible? Y si, como me da a mí, no la tenía ¿Cómo diablos la iban a tener los jovenzuelos experimentalistas de la Escuela de Barcelona? ¿Cómo diablos iban a homenajear algo que todavía no se sabía que existía, coñe?

Por eso, los parecidos y las coincidencias los achaco, simple y llanamente, al hecho de que tanto las películas “amarillas” italianas como Fata Morgana se nutren de las mismas fuentes. Las mismas. En el caso del Giallo de las novelicas de kiosco de estación con profusión de asesinatos sangrientos, crueles psicópatas y chicas guapas preparadas para ser apuñaladas tras las cortinas de la ducha (además del inevitable toque pop de la época). En el de la peli española esas mismas novelas (aquellas ediciones en papel oscurecido, de pequeño tamaño, que costaban tres pesetas y estaban al lado –y con el mismo formato- de los librillos del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y de las historias románticas de Corín Tellado) sí, también… Pero con el resto del kiosco de propina... Desde los tebeos de dibujo realista con historietas de detectives y agentes secretos a comics y noveluchas de ciencia ficción y terror (Ay... Clark Carrados ¿Dónde estás cuando más te necesitamos? ), pasando por revistas ilustradas como Lecturas, Film Ideal o Sonorama (por citar tres que no tenían nada que ver entre sí). Mientras una rubia pizpireta y con la falda por encima de las rodillas sonríe sosteniendo una copa de Soberano ( es cosa de hombres) en los anuncios interiores a todo color.

Vamos, que ni el Giallo italiano (sobre todo en sus primeros tiempos) ni Fata Morgana tienen que salir del kiosco de la estación a la hora de buscar sus referencias. Las tienen todas ahí.

Bueh... con matices, porque la peli española, como ya he dicho, juega a ser una cosa seria, experimental e intelectualoide. El kiosco de la estación, sí... pero con ese distanciamiento de universitario pretencioso que hojea las revistas y las noveluchas con displicencia y que prefiere escuchar jazz (que, al fin y al cabo es una música culta y le gusta hasta a Jean Paul Sartre ) antes que ese rock’n’roll tan comercial que llega de Londres ( seguro que los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks, los Small Faces o los Who se pasan de moda enseguida... en cuatro años nadie se acordará de ellos. Seguro. Vamos… como haydiós. Sí).

De todas formas, que conste que a pesar de ese hermetismo al que he aludido antes, de toda esa experimentación vanguardista y un tantico árida (cosas de su tiempo) la película es perfectamente visible. Yo la recomiendo, desde luego. En caso contrario no la hubiese posteado. Aunque, eso sí, se disfruta mejor (esto es una opinión mía, un consejo, una guía para disfrutarla un poco más... pero absolutamente subjetiva y discutible... y seguramente equivocada) frivolizándola un poco; abordándola como esa especie de mezcla de tebeo, novela pulp española y revista ilustrada de la época. Como ese vistazo surrealista y algo enloquecido a los expositores del kiosco de la estación mientras esperamos el tren (en un día soleado de verano o lluvioso de otoño, eso queda al gusto de cada uno... Pero de 1965, desde luego).

Y además, qué coñe, tiene unos valores cinematográficos indiscutibles.
Y, para el aficionado al terror (que es a lo que vamos aquí) ofrece un interés tremendo. En primer lugar por sus propias virtudes formales. Siendo de 1965 que nadie espere barbaridades... la película es elusiva y endemoniadamente elegante en lo que a la representación de la violencia respecta (de hecho la violencia en sí no está presente de forma explícita; ni Aranda ni Suárez lo pretendían); pero, a pesar de eso, algunas de sus imágenes son extraordinariamente crueles (o a mí me lo parecen). Ese juego de sombras sobre el rostro en blanco y negro de Teresa Gimpera al principio; las fotografías proyectadas durante la conferencia de El Profesor (Antonio Ferrandis): los rostros de unas chicas que han sido o van a ser asesinadas por su condición de víctimas... y, sobre todo, las inquietantes y desazonadoras fotografías, granulosas, extrañas, del asesinato de una especie de alter ego de Gim en el vagón de un tren; fotografías que van sucediéndose mientras el conferenciante explica cómo fueron obtenidas (el rostro de la Gimpera, empapado de sangre, pegado al cristal de la ventanilla... La silueta oscura del asesino, detrás de ella).
Y luego está ese ambiente onírico, de pesadilla. Los coches y helicópteros del gobierno instando por megafonía a los pocos habitantes que todavía quedan a abandonar la ciudad ante la amenaza innominada (¿Radiación nuclear, nube tóxica, un virus? No se sabe... Ni siquiera al final...).












2 comentarios:

  1. Muy buena critica, como tantas otras por aqui la tengo pendiente de ser vista uno de estos años, saludos

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  2. Gracias por el comentario. Es estupendo y la pelicula lo merece. Simplemente por su estética ya deja pegado a la pantalla. Y la mezcla de pretenciosidad academica, terror, pop, inocencia, vestuario, Misterio y mucho más is aire fresco incluso en 2015.

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